Por: Néstor Rueda Castellanos
Artista plástico, miembro del comité de museología y curaduría de la 15 Muestra nacional de Artes Plásticas y Visuales BaricharaVive 2026
Perdonen si hago este texto muy personal, pero es que Barichara lo es para mí, de muchas formas. Tengo una relación muy cercana con algunos habitantes del municipio. Muchos años yendo y viniendo, días con sus noches de vacaciones en diferentes meses del año en la casa cural con mi tío Jorge Gregorio párroco por más de 25 años, hace ya otros más tantos quizás. Crecí en los diciembres al lado de mi familia numerosa alrededor de las novenas de navidad. También tuve amigos igual tiempo, desde mis 12 años que aún conservo; Pastor Plata Lizarazo es uno de ellos. Cuando nos volvimos a encontrar ambos andábamos recorriendo estos azarosos caminos del arte. Creo que Pastor me llevaba un tiempo más en esos quehaceres cuando volví allá, en un principio más como turista que artista.
Desde esos días no nos hemos detenido en el proceso de hacer de Barichara un lugar más privilegiado, no solo en su origen histórico si no en muchas actividades más.
Lo bonito de Barichara es que tiene espacios para todo y para todos. Su fuerte siempre ha sido el turismo y su sello, ser el «pueblito más lindo de Colombia» lo demuestra.
Pero además de eso, tiene un plus irremediable – y digo irremediablemente, porque así es la tragedia, y digo que la tragedia, porque la profundidad de la estética no puede ser del drama de haber logrado que de sus calles coloniales tranquilas, atraparan al foráneo de tal forma, y digo que tragedia y no drama, porque todo el ejercicio que trae la tragedia del hacedor del arte, no emergió gracias a las políticas nacionales, departamentales o municipales que canalizan todo el tema del turismo, si no de los asentamientos en su territorio de movimientos artísticos qué han estado presentes por mucho tiempo, como lo fueron unos festivales nacional de coros, «los picapedreros» y su festival de la talla; dos festivales de cine, uno que aún sobrevive.
Mientras esto sucedía, el arte plástico crecía poco a poco, a su velocidad, gracias a un pequeño ejército de creadores – quijotescos para utilizar un concepto de cajón – que se han dado a la tarea de persistir en los sueños que traspasan las ideas, juntarse y oficializar espacios para el goce de lo estético.
Esta muestra que inauguramos el 7 de enero que reúne a artistas oriundos y establecidos – por llamarlos de una forma – más que una expresión de hacedores del arte de la tierra, es una más de esas quijotadas de las que menciono en este escrito, siempre buscando dar en el blanco para estar a la altura de lo que con tanto cuidado se ofrece para el disfrute de propios y extraños, de gente de acá, de allá, de allí y de aquí, incluso del ahí del mundo cercano y lejano, distante o de la vuelta de la esquina.
Toda muestra tiene sus riesgos, sus recompensas; lo primero es al azar representado en la escogencia que los tiene ahí. Imagino que verse el día de la inauguración con sus obras colgadas o puestas en una base o tiradas intencionalmente en el piso, dirán que el riesgo fue positivo. Las recompensas son varias, una es tener la posibilidad de verse asomados en las redes – gracias a personas como el maestro Plata Lizarazo con sus páginas – y en la información que proveen los medios locales y departamentales. Ya eso es una ganancia. La idea con estos procesos es consolidar al arte plástico del municipio y ponerlo en el circuito de las artes plásticas en el país y en el mundo.
En esta exposición no solo están los que nacieron allí, si no otros que lo hicieron físicamente en algún lado, pero que se dejaron atrapar por el encanto de este municipio; son «renacidos» culturales atrapados en sus fachadas, sus calles, su temperatura, con sus nombres como impronta, Adrián, Alfonso, Alma Luz, Álvaro José, Andrea, Ángel, Augusto, Carlos, Daniela, Dora, Edilberto, Enrique, Evgeny, Ferney, Gerardo, Gladys, Guillermo, Hani, Hugo, Isabel, Isaías, Jaime, Jenny, Jhon, Jois, José, Julio, Katja, Laura, Leo, Lina, Luis Ángel, Luis José, Manuel, María, Mario, Marta, Martha Isabel, Martha Lucía, Mateo, Nelson, Néstor, Óscar, Tatiana, Pastor, Pedro, Pilar, Rito H, Roque, Sandra, Santiago, Sergio, Silvia, Vito, Yoan consolidados en un proceso de años que sigue dando más frutos. En este trasegar hemos pasado por la Casa de la Cultura Emilio Pradilla González, por la Capilla de Santa Bárbara con la muestra de arte nacional y esto entre muchas cosas más, gracias a la apertura de mente de muchos de los párrocos que ha tenido la curia, que entendieron que las manifestaciones culturales han sabido compartir los escenarios que en un principio fueron creados para un fin específico, logrando que sean también importantes para dar asiento a manifestaciones artísticas que en un país como el nuestro no son solo estéticas, también son de paz.